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15 de febrero de 2011

-No te avergüenzes -Me susurró al oido- Si pudiera soñar, sería contigo.

-Has dormido profundamete, no me he perdido nada -sus ojos centellearon-. Empezaste a hablar en sueños muy pronto.


Gemí.


-¿Qué oíste?

Los ojos dorados se suavizaron.

-Dijiste que me querías.

-Eso ya lo sabías -le recordé, hundí mi cabeza en su hombro.

-Da lo mismo, es agradable oírlo.

Oculté la cara contra su hombro.


-Te quiero- susurré.


-Ahora tú eres mi vida.

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